| |
Hay un permanente debate que tiende a reducir la aplicación de la política social a un plan de ingresos. No es posible uniformar respuestas ante las particularidades y realidades diferentes; la política social es mucho más compleja y nuestro desafío es ir más allá de lo que homogeneiza. Las respuestas enlatadas que se exportan como programas y que sirven para enfrentar supuestamente problemáticas parecidas, pierden impacto, porque no producen cambios al no tener en cuenta su particularidad y no produce inversión para el desarrollo social.
La carencia de oportunidades y la inequidad de la última década en la Argentina, que tuvo su crisis en 2001 fue el resultado de un modelo de país que despojó a la familia de derechos y de obligaciones. El resultado inevitable fue la “des-ciudadanización”, por lo cual amplios sectores de la población se vieron sustraídos del ejercicio de sus derechos sociales y por lo tanto, desprovistos de la posibilidad de acceso a un real desarrollo no solo individual sino también colectivo. Este es el cambio que inició el presidente Néstor Carlos Kirchner, a partir de mayo de 2003 y que lo expresa concretamente cuando dice “La política puesta al servicio del bien común, las instituciones reconciliándose de a poco con la sociedad, el Estado tratando de restañar las heridas con asistencia y, sobre todo, con una intensa tarea de promoción social, las variables macroeconómicas bajo control y una pro-activa inversión estatal al servicio del crecimiento y promoción de la actividad; el acento puesto en el fortalecimiento de la educación pública para que cumpla su rol de igualadora de oportunidades, forma parte “del nuevo escenario” que permite recrear las esperanzas y las expectativas”.
Por eso hoy la política social que hemos encarado centra su mirada en el desarrollo humano haciendo eje en la persona, la familia y el territorio desde una cuestión de derechos, obligaciones y equidad, buscando la cohesión del tejido social.
Es necesario trabajar desde una política social integral, desde un Estado en movimiento, con el centro puesto en la persona, no como un individuo aislado, sino formando parte de colectivos humanos, aunque respetando sus singularidades, que aparecen atravesados por la trama social en la que están inmersos, buscando la construcción de un “espacio inclusivo”, que fortalezca los derechos ciudadanos políticos, económicos, sociales, culturales y la equidad territorial.
• Decimos que hace eje en la persona y la familia porque:
La persona, crece y se desarrolla en una familia, establece allí sus primeros vínculos sociales; es la familia la que le da las bases para el desarrollo afectivo e intelectual. En ella se cultivan las cualidades de las personas y es también el primer germen para generar y propiciar espacios de solidaridad que luego se proyectarán en la comunidad. Nuestro eje tiene la mirada puesta en el conjunto social.
• Y también que hace eje en el territorio
Porque hay que respetar y considerar las particularidades de cada región y sus posibilidades de desarrollo, como el acceso de la gente a las oportunidades. Por eso, también tenemos en cuenta el perfil productivo y de servicios de ese territorio, ya que ello influirá en el desarrollo de las personas.
|
|