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  SECCIÓN | Discursos MINISTRA Alicia Kirchner
  Los niños no son sujetos de inventario  
 

En el primer el primer coloquio regional sobre “Los derechos de los niños y las niñas y las grandes ciudades del MERCOSUR y sus países asociados” que fuera organizado por el Ministerio Desarrollo Social, la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, expresó los siguientes conceptos

 
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Para empezar me gustaría que reflexionemos sobre la práctica de medir el impacto de la cuestión social sólo por las estadísticas. La frialdad de los números conspira a menudo con el adecuado abordaje en la resolución de problemas tan complejos, como es la vulnerabilidad de la infancia. Si visualizamos esas estadísticas, la realidad de las macrociudades de los países integrantes del MERCOSUR, tiene más o menos similitud en cuanto a las problemáticas comunes que presentan, que justo es decirlo, son vivencias que afectan al mundo.

Estamos transitando el mes de la Lucha Mundial contra el Abuso Infantil y hace poco UNICEF presentó un Estudio Mundial sobre la Violencia contra los Niños, documentando situaciones que nos impactan, de las cuales nuestras sociedades no pueden abstraerse. Algunos expertos señalan que “la violencia que viven los niños y niñas es una expresión de deterioro moral, social y cultural, por lo que es urgente la humanización de nuestras sociedades y tomar medidas de protección para la niñez”.

Como Estado estamos trabajando a través de los mecanismos preventivos, en el acceso y permanencia de los niños en el sistema educativo y el apoyo a la familia, especialmente aquellos que se encuentran en situación de extrema vulnerabilidad en sus derechos.
Estamos trabajando desde el territorio, en un “somos parte”, desde la realidad de un país que se respete en la pertenencia étnica y cultural, para construir en lo saludable de la diferencia, respuestas concretas.

En la Argentina de los últimos años el mercado convirtió a niños y jóvenes y a las propias familias en rehenes del modelo neoliberal. Modelo que indujo a la cultura del consumismo, la figuración y las competencias propias de los negocios y las urgencias comerciales y financieras. Se dio así un proceso de pérdida de la ciudadanía en la que los derechos básicos fueron cercenados, retrocediendo los niveles culturales, económicos y sociales.

Se desmovilizó a la sociedad apareciendo esta como una falta de conciencia colectiva, a lo que se sumó la hipocresía de una parte de la dirigencia prefirió mirar hacia el costado. Algunos anestesian su conciencia desde la denuncia, con diagnósticos de investigación atemporales, produciendo resultados que no sirven, o sirven para fortalecer los egos por la notoriedad o el impacto del informe que producen, pero cambian la vida de los niños. Es más fácil el diagnóstico y la denuncia que comprometerse. Los derechos de los niños no se alcanzan sólo de esta manera, el diagnóstico es un paso, lo que cambia las realidades son los abordajes y comprometerse con el sujeto social protagónico.

Ha habido muchas formas de violencia infantil en nuestros países. La pobreza, el abandono, la desnutrición, el abuso, la explotación, el trabajo infantil, la prostitución, la violencia intrafamiliar e institucional, la apropiación de niños en las dictaduras, son muchas formas de violencia como moneda corriente, junto a una abultada deuda externa profundizando la precariedad de muchos grupos familiares por la situación de ajuste que el modelo reproducía.

Un solo ejemplo basta para significar cómo se miró hasta hace poco la infancia y la adolescencia. En nuestro país, los institutos de menores fueron el símbolo de la discriminación. Confundieron protección con judicialización. Los chicos en los institutos perdían su identidad, despersonalizándose producto de internaciones perennes en instituciones que se terminaron deslegitimando. Al internar un niño se lo aísla, se lo quita de su familia, de sus objetos de amor e identificación, los masificamos como sujetos de inventario en lugares más parecidos a depósitos que a hogares.

Es cierto que la desigualdad y la injusticia están profundamente arraigadas en la vida del mundo, pero no aceptamos la resignación de lo irreversible. Queremos una realidad diferente y es eso lo que pretendemos hacer desde el Gobierno nacional, con políticas sociales de justicia y derechos a favor de la familia para reducir las desigualdades.

Ya han pasado 15 años desde que se protocolizara la Convención sobre los Derechos del Niño. Hoy nuestro Gobierno tiene legislación de primera generación. Ello debe estar acompañado con el compromiso de los actores sociales. Definimos como prioritario el mejorar la calidad de vida de los niños, niñas y adolescentes, por ello una de nuestras metas es el desarrollo del Plan Nacional de Acción por los Derechos del Niño, ya diseñado, enlazando acciones de la Nación, provincias y municipios, junto con la sociedad civil, desde un principio integrador. Lo importante hoy es brindar oportunidades a niños, niñas y adolescentes, para que puedan estudiar, que tengan atención en salud, que se incorporen a las redes sociales y que podamos decirles “respetamos tus derechos, son parte de tu identidad, como tu nombre, tu nacionalidad, tus ideas y tu cultura, porque estamos convencidos que al hacer avanzar la infancia se hace avanzar la Patria”.

Países de la región, identifiquemos nuestras fortalezas y debilidades. En la mayoría de los países de la región se interviene de manera dispersa, aunque es posible identificar iniciativas y proyectos interesantes, movilizados por la sociedad civil, por algunos gobiernos, por instituciones civiles y religiosas Espero que las grandes ciudades del MERCOSUR puedan atravesar de manera conjunta e integrada planes de abordaje regional en temas de prevención y promoción en políticas de infancia.

Ayudémonos a construir una política transversal de derechos. Así podremos decir que estamos apostando a un desafío superador, a una construcción colectiva, que decididamente avance en el desarrollo ciudadano de niños, niñas y adolescentes. Ocupémonos con compromiso, con amor al otro, porque el que nace a la ternura, como dice Tejada Gómez, vence a la muerte cotidiana, abre las puertas de la vida y lleva un niño en la mirada. Ojalá que todos los Países Parte seamos capaces de decirle a cada niño: “Yo me comprometo con vos, sos parte de nuestra Patria, pequeño ciudadano de los países del MERCOSUR. Tenés un doble derecho: Derecho a tus Derechos”.

 
 
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