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Me voy a permitir después de haberlo escuchado al presidente del INAES, Patricio Griffin, quién transmitió el mensaje con mucha fuerza, decirles qué entendemos por economía social. No hay una sola manera de abordaje de la política social, en todo caso hay un sólo compromiso social con el desarrollo humano. Este tiene que ser un compromiso solidario con la persona, no con el fundamentalismo de mercado. Si queremos tener en cuenta la realidad, necesitamos partir de lo social, pero sin desechar lo económico y sin desechar lo político. Sabemos de las consecuencias de la pobreza, la desigualdad, la inequidad social. Y también de la carencia de oportunidades, como resultado de un modelo de país que terminó en un verdadero despojo hacia la familia argentina. La memoria nos recuerda siempre cómo el Estado le cedió el camino al fundamentalismo de mercado en el que la sociedad fue impactada por el individualismo del “sálvese quien pueda”, que quebró los lazos solidarios y los espacios de contención y organización. Siempre decimos que las desigualdades son injusticias, pero no destinos inapelables. Y si se dan, son producto de un Estado vaciado que es lo que pasó a lo largo de tres décadas de nuestro país. A partir de 2003 hemos comenzado un proceso de reconversión, es verdad que es mucho lo que nos falta. Pero yo no tengo dudas que este Congreso va a permitir reflexionar y trabajar sobre ideas comunes que es necesario seguir fortaleciendo. Hoy en economía social tenemos a las cooperativas tradicionales con todo el bagaje de conocimiento, esfuerzo e historia. Tenemos también a las nuevas cooperativas que están queriendo colocarse en el mismo nivel de fortalecimiento. Pero tampoco tengo dudas que serán las cooperativas tradicionales quienes apoyarán el crecimiento de las nuevas, y aprenderán de estas últimas toda la fuerza nueva y empuje. Así la economía social, como medio de la política social, va a tener el impacto necesario.
Cuando hablamos de economía social, hablamos de desarrollo local. Cuando uno trabaja sobre el perfil productivo de una región, podemos trabajar en el desarrollo de la organización a través de este perfil productivo para darle sostenibilidad en producción y servicio al desarrollo. Esto hay que hacerlo desde planes estratégicos y los planes estratégicos no se construyen detrás de un escritorio sino que se hacen precisamente en el lugar, por eso hablamos de desarrollo local. Acá es donde las cooperativas deben tener una presencia tangible y fuerte. Hoy tenemos un Estado activo, presente, promotor. Con la economía social llegamos a millones de personas. El desafío es que estas cooperativas formen parte del proyecto popular. Acá no estamos en un proyecto neoliberal, acá estamos en un proyecto de país donde la construcción es nacional y popular. Este proyecto tiene que estar nutrido de ideología. A las ideologías no hay tenerle miedo.
Detrás de distintos enfoques de la política social puede estar agazapado un modelo neoliberal o se luche por un proyecto nacional y popular. Hace unos días participé en Canadá de la Cumbre Internacional de Microcrédito. Ahí vi reflejado estos dos modelos. Por un lado, estaba agazapado el modelo neoliberal, y por el otro, estaba presente la fuerza nuestro modelo nacional. Puede existir una buena herramienta como es el microcrédito pero puede tener distintos usos. Aquel a quién no le importa como crezca el microcrédito, aún en contra de las familias, sin duda va a elegir el modelo neoliberal. Nosotros estamos en el otro camino. La economía social se asume en el territorio, es el primer objetivo del desarrollo local. Seguramente vamos a ver los mejores resultados mucho después del mediano plazo, porque la verdadera transformación no es compatible con la coyuntura, necesita un tiempo, para transformar se requiere imaginar y articular herramientas que permitan cambios de fondo, que es el compromiso de todos.
Nuestro gobierno apoya las cooperativas y mutuales como una forma de propiedad participativa, democrática y distributiva. Es necesario que la sociedad comprenda lo importante y profundo de un modelo de producción social. Que comprenda que más de cinco millones familias viven de esta manera. La economía social debe ocupar un lugar en el abordaje de la política social. Nuestro presidente de la Nación, Néstor Kirchner, le ha dado ese lugar y nosotros como funcionarios, desde el INAES, los ministros que integramos el Consejo de Coordinación de Política Sociales, no miramos la realidad y política social desde el sector ministerial, la miramos desde el impacto que tiene que tener un abordaje integral. Por eso tenemos que ver el desarrollo de la política del INAES con una mirada integral.
Al modelo le interesa la quinta, la política sectaria. A nosotros nos interesa trabajar desde la cooperación. Desde el sector cooperativo que mejor que una política de integración. Por eso yo se que van a salir de aquí distintos planes estratégicos para el INAES, pero en definitiva es para la gente de nuestro país.
Cuando cantábamos el Himno Nacional uno se permite determinadas reflexiones. Los veía a todos ustedes sumidos en la hidalguía del grito ¡Oíd Mortales!. Ese es el espíritu que tenemos en el camino. Digo en el camino porque todavía tenemos mucho más para hacer. Pero trabajando fundamentalmente con este sentido de patria. Si nosotros sentimos a la patria como nuestra nadie nunca más no va a arrebatar nada. Porque muchas veces hablamos de esta país, a mi me indigna, los que hablaban de esta país eran los que no lo sentían como propio. Por eso tenemos la obligación de volver a poner nuestro país en el lugar que nunca debió haber dejado. Con esta fuerza trabajemos en la jornada.
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